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Comer saludable no tiene que ser más costoso

Comer saludable no tiene que ser más costoso

A menudo pensamos que comer saludable es más costoso, vamos a ayudarte a cambiar un poco esa manera de pensar respecto a la comida. 

Cuando compramos despensa y tratamos de decidir entre dos artículos, por ejemplo, marcas de barras de granola, ¿cómo determinamos cuál es más saludable? Muchos de nosotros asumimos automáticamente que el producto más caro es más saludable.

Una investigación de la Universidad del Estado de Ohio, que se basó en varios experimentos, encontró que los voluntarios del estudio atribuían más valor a los alimentos que se les dijo que costaban más dinero. También tenían más probabilidades de ser escépticos ante las afirmaciones de salud que vieron en los paquetes de artículos más baratos que en los de los productos más costosos.

Cuando tenemos poca o nula información sobre el valor nutricional de un producto, tendemos a confiar en el precio como un indicador de su salud. Esto puede deberse en parte a que la noción de que los alimentos saludables siempre son mas caros.

Pero la realidad es que el precio no se correlaciona necesariamente con el valor nutricional. A continuación de presentamos 5 maneras de comprar de forma más saludable sin necesidad de afectarte económicamente:

  1. Mantener “saludable” en perspectiva: 

    Es cierto que en algunos casos, los alimentos que consideramos más saludables son más costosos. Por ejemplo, los alimentos orgánicos son a menudo más caros que sus homólogos no orgánicos. Sin embargo, es importante saber que, si bien se garantiza que los alimentos orgánicos están libres de pesticidas y antibióticos, en general no se considera que sea nutricionalmente superiores. Y algunos alimentos saludables son notablemente económicos: granos enteros, frijoles y mantequilla de maní, por ejemplo, especialmente si elige las marcas que produce la misma tienda o que no son tan famosas.

  2. Resistir lo atractivo que pueden resultar afirmaciones como “saludable” y “natural”: 

    Técnicamente, si los fabricantes desean usar el término “saludable” en un producto, debe cumplir con ciertos estándares de nutrición de la Administración de Alimentos y Medicamentos. Por ejemplo, los productos que contienen grasas no pueden tener más de 1 gramo de grasas saturadas por porción. Y los alimentos que llevan el reclamo deben contener menos de 480 miligramos de sodio por porción.

    Pero los expertos en nutrición dicen que esos requisitos excluyen algunos componentes importantes de la salud; no hacen mención de azúcares, por ejemplo. Y el término “natural” no está regulado, por lo que no hay garantía de que signifique algo beneficioso para su salud.

    Bolsa de pepitas saludables

  3. Comprar productos estratégicamente: 

    Elige comprar las frutas y verduras de temporada, que generalmente son más baratas y más sabrosas que los artículos que viajan mucho para llegar a su tienda (algunos supermercados ponen en oferta frutas y verduras ligeramente magulladas o de formas extrañas). Sin embargo, si tienes ganas de arándanos en enero o de calabaza en verano, dirígete a la caja del congelador. Los productos congelados suelen ser tan nutritivos como los frescos.

    Evita comprar productos precortados o en rebanadas, que pueden tener un precio superior pero no ofrecen ningún impulso nutricional.

  4. Evitar el desperdicio:

    Hacer un mejor uso de tu congelador puede ayudar. Compra productos frescos de temporada y congélalos para usarlos más tarde. La fruta demasiado madura que se congela, por ejemplo, se puede usar en smoothies, panes, mermeladas o salsas cuando surja la necesidad, y las verduras se pueden echar en sopas y cazuelas.

    Congela las sobras que no utilices en un par de días para no tener que tirarlas. Y trata de planificar las comidas para la semana, por lo que es menos probable que compres por impulso cuando vayas a hacer mandado.

    Fruta Plátanos

  5. Revisar el panel de nutrición en la parte posterior o lateral del paquete: Cuando busques alimentos saludables, presta atención a los productos bajos en grasas saturadas y trans, bajas en sodio. También es importante verificar los valores diarios de nutrientes como las vitaminas A, C, D, calcio, hierro, fibra y potasio: 20 por ciento o más por porción significa que es una buena fuente.

    Presta mucha atención a los azúcares agregados. Por ejemplo, los ingredientes que terminan en “osa” (sacarosa, fructosa y maltosa) son solo algunos de los nombres que contienen los azúcares agregados.

    Ten en cuenta que los fabricantes a veces utilizan términos que suenan más saludables para ingredientes que no son realmente buenos para ti, por ejemplo, el edulcorante néctar de agave tiene todas las mismas desventajas para la salud que el azúcar común.

    Espero que estos consejos te ayuden a tomar mejores decisiones al momento de realizar tus compras de comida. 

    Comer más saludable es cuestión de tomar la decision de hacerlo.